QUE ESTA NOCHE LOS REYES NO TRAIGAN VAPERS ILEGALES (NI NUNCA)
El avance de los vapers ilegales inquieta a los estanqueros y pone en riesgo la salud pública y el canal regulado. Conviene señalarlo.
En el día a día del sector hay temas que van ganando presencia sin hacer ruido. El malestar por el avance de los vapers ilegales se repite cada vez más en conversaciones con estanqueros.
No se trata de una amenaza futura ni de una hipótesis teórica. Los vapers ilegales ya existen y ya compiten fuera de cualquier control. La preocupación actual es otra: que ese mercado, lejos de contenerse, se amplifique por la combinación de una alta demanda, decisiones internacionales mal calibradas y una falta de control efectivo bien conocida dentro del canal regulado.
Para entender por qué este problema no se limita al ámbito local, conviene levantar la mirada y observar dónde se fabrican y desde dónde se mueven muchos de estos dispositivos.
China, pieza clave en el tablero mundial de la nicotina
China no es un actor más. Es el mayor productor mundial de dispositivos de vapeo y componentes electrónicos asociados a la nicotina. Gran parte de los vapers que circulan —legales o no— tienen su origen allí.
Además, concentra una parte decisiva del consumo global: uno de cada tres fumadores del mundo es chino.
Y a pesar de que cuando la OMS se sienta a negociar con China el foco oficial está en la reducción del tabaquismo y la protección de la salud pública, el riesgo colateral es evidente: cualquier desajuste regulatorio o mensaje ambiguo puede convertirse en una autopista para el mercado ilícito.
El riesgo real: vapers falsos, sin control y sin garantías
El problema no es solo la venta de vapers. Es qué tipo de vapers. Cómo son y por qué resultan tan atractivos para el consumidor los dispositivos falsificados o introducidos ilegalmente:
- No cumplen los controles sanitarios exigidos.
- No garantizan trazabilidad ni origen conocido.
- Pueden contener líquidos o componentes no declarados.
- Incumplen los límites legales de capacidad y número de puffs, ofreciendo miles de caladas muy por encima de lo permitido.
- Escapan a cualquier fiscalidad.
En la práctica, esto se traduce en más riesgo para el consumidor, competencia desleal para el canal regulado, menos capacidad del Estado para controlar lo que realmente se consume y menos ingresos fiscales por impuestos que sí paga el canal legal.
Qué puede hacer el estanco
El estanco no es el origen del problema, pero sí es una barrera frente a su expansión. Informar al consumidor, reforzar la confianza en el producto legal, no normalizar el discurso del “todo vale” y detectar y comunicar prácticas irregulares son pequeñas acciones que, sumadas, marcan la diferencia. El mercado ilegal avanza cuando nadie lo cuestiona ni lo señala.
Una advertencia que conviene no ignorar
El problema está identificado y no parte de cero. Precisamente por eso, hay margen para actuar. Cuando el canal regulado informa, señala irregularidades y defiende las reglas del juego, el mercado ilegal deja de avanzar en silencio.
En una noche tradicionalmente asociada a regalos que llegan de lejos, conviene no olvidarlo: el mercado ilegal nunca trae nada bueno. Y cuando entra, no hay magia que lo haga desaparecer.

